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16/02/2013 “Argentina tiene una frecuencia de cáncer que va de media a alta”

El laboratorio encierra. Y los fluidos que se utilizan en las pruebas llegan a adormecer al investigador. Si no se hace un esfuerzo grande por reconectarse, por investigar pegado a la realidad, se corre el peligro de termina aislado como el “doctor chiflado” de un comic. Los laboratorios de oncología molecular de la Universidad de Quilmes escapan absolutamente a esta trampa de marfil. Ahí, se investiga y se experimenta siempre con un ojo puesto sobre la realidad argentina. Tratan de no perder nunca ese espíritu emprendedor de la sorpresa ante cada pequeño descubrimiento. Y a la vanguardia de esta ciencia imaginativa, con los pies en la tierra, está el investigador oncólogo Daniel Gómez, ex rector de la universidad y uno de los científicos más destacados en su especialidad en América latina. Investiga manteniendo siempre una mirada en ese ventanal que le muestra el hormigueo de esta calle de Bernal. “Investigar es maravillarse -dice con énfasis- es esa conducta primigenia que tenemos cuando somos chicos de encontrar algo y que nos sorprenda. Bueno, de alguna manera eso es la ciencia: la capacidad de tratar de sorprendernos porque la vida es dura y por eso buscamos volver a esas sorpresas infantiles”.
 
¿Realmente se sorprende después de 30 años de investigar?
Sí. Sin eso no tiene sentido hacerlo. Emerson era el que decía que la base de la ciencia estaba en la curiosidad.
 
¿Cuándo fue la última vez que se sorprendió?
Debe haber sido hace 6 meses, cuando redacté un nuevo proyecto para presentar al área de Fondos del Rectorado para que nos provea de financiamiento y encontré, digamos, una hipótesis, que puede ser cierta o no, pero que a mis ojos parecía posiblemente cierta. Eso despertó en mí ese entusiasmo, esa sorpresa del logro posible, de que la magnificencia de la vida o la magnificencia de la naturaleza puede estar a la vuelta de la vida y podemos tener la herramienta para encontrarla.
 
Se dice que usted está en una lista de posibles receptores de un Premio Nobel. ¿Es así?
No, no, yo creo que eso es una exageración de alguna gente amiga que me quiere mucho. Recibí distinciones que me honran y estoy muy contento con eso. Lo otro no tiene ningún fundamento.
 
¿Cuáles son sus investigaciones más destacadas?
El trabajo que realicé en Estados Unidos, mayormente, sobre cómo las células tumorales salían de los vasos sanguíneos a través de unas enzimas para invadir y hacer metástasis. Por esa investigación recibí el premio Guggenheim. La otra fue la investigación sobre otra enzima, la telomerasa. Todas las células mueren; sin embargo, las células tumorales son inmortales. ¿Por qué son inmortales? Porque expresan una enzima que se llama telomerasa y nosotros fuimos uno de los primeros grupos en inhibir la telomerasa por completo y hacer que la célula tumoral muriera como una célula normal.
 
¿Por qué no logramos aún llegar a una cura del cáncer?
Porque el cáncer es pleiotrópico, es decir, tiene muchas facetas, muchas caras, muchas causas y las células cancerosas son un organismo vivo, capaz de adaptarse a las diferentes cosas que nosotros podamos hacer. Cuando tratamos las células tumorales con quimioterapia, matamos al 95% de esas células. Es muy efectivo, pero queda el 5% que son resistentes y esas generan, entonces, un nuevo tumor que resiste la quimioterapia anterior. La célula tumoral está, por decirlo de alguna manera, programada para sobrevivir, para no morir y para conquistar otros tejidos: la metástasis. Cada uno de esos diversos tipos tumorales, a lo mejor, tiene un elemento particular que es el que maneja esa conducta de inmortalidad. Un elemento señalizador que le manda siempre una señal de “seguí viviendo”. Lo que hacemos en este laboratorio es estudiar algunos tipos tumorales, qué tipo de señal es la predominante y tratar de construir inhibidores para esa señal. En la práctica serían nuevos medicamentos que apunten al eje central por el cual ese tumor es inmortal.
 
¿Podemos hablar de un cáncer nacional?
No, pero podemos hablar de que hay un patrón de cáncer argentino. De acuerdo al IARC, la agencia internacional de investigación sobre cáncer, que analiza las estadísticas epidemiológicas de todo el mundo, podemos hablar de que Argentina es un país donde la frecuencia de cáncer es media alta. Para tener un parámetro, muchos países africanos tienen frecuencia baja; y los europeos, media alta como nosotros. Dentro del país tenemos subregiones. como la Capital Federal que mantiene índices de cáncer similares a los de Austria y provincias como Jujuy y Salta que tienen una incidencia alta como la de otros países latinoamericanos. La mayor frecuencia de los tumores que se dan en nuestro país es de cáncer de pulmón, de mama, de próstata y de colon rectal.
 
¿Sabemos más de estos cánceres y cómo combatirlos?
En lo que se avanza es en lo más molecular e intrínseco de la célula. En términos del entendimiento molecular, celular, de las nuevas tecnologías, de las nuevas potencialidades terapéuticas, se ha avanzado un poco. Ahora, en términos de lo que nosotros, argentinos, podemos hacer como investigadores frente a la población, se ha avanzado mucho.
 
¿Logró hacer realidad alguna de sus investigaciones? ¿Se fabrica alguna medicina basada en sus trabajo?
Lo hicimos en conjunto en este laboratorio, que tiene como director científico al doctor Daniel A-lonso. Trabajamos con una droga denominada Dermopresina y esa investigación fue patentada en EE.UU., Europa y Hong Kong como una medicina que disminuye el sangrado quirúrgico durante las cirugías y podría tener algún efecto antimetastásico que está en estudio. La compañía argentina Biogénesis se interesó en ese desarrollo y lo comenzó a comercializar para tumores de mama en perros y está en curso el ensayo clínico en seres humanos.
 
Salieron de la trampa de marfil del laboratorio ...
Hasta hace 15 o 20 años atrás, el científico sólo pensaba en su publicación de la investigación. Nosotros estamos pensando en los pacientes. Siempre me acuerdo de algo que me enseñaron en la facultad y que decía Hipócrates: la vida es corta, el arte es largo, la ocasión es fugaz, la evidencia es engañosa y el análisis es difícil. Lo que nos quiso decir ese científico doscientos años antes de Cristo es que la ciencia es más larga que nuestra vida y que también es desechable y provisional. Es decir que hoy construimos una verdad, a partir de nuestra hipótesis y que esa hipótesis se va a comprobar errónea el día de mañana y sobre esa hipótesis errónea se va a construir una nueva verdad y así se construye la ciencia.
 
En el caso de la oncología, pareciera que no hay demasiado tiempo. La epidemia del cáncer es una brasa en las pipetas de los investigadores.
La brasa quema, pero ¿cómo estábamos 30 años atrás? Hoy las terapias están más dirigidas, son más eficaces, tienen menos efectos adversos, curan más y en eso nos basamos. Tampoco nosotros los investigadores podemos apurarnos a sacar conclusiones que no estén absolutamente comprobadas. Al mismo tiempo, el 75% de los cánceres son prevenibles o curables. Nos queda un 25% que sí, a lo mejor no podemos curar, pero podemos ayudar con medidas paliativas.
 
¿Hay mayor cantidad de cánceres que hace 30 años?
Salvo algunos tumores sanguíneos, los cánceres son más abundantes en una determinada franja etaria, que es a partir de los 50 años. Cuando el promedio de vida era de apenas 35 o 40 años nos moríamos de enfermedades infecciosas y no nos preocupaba el cáncer. Hoy, los promedios de cáncer se mantienen, pero se ven más porque vivimos más. Esto, con la excepción del cáncer de pulmón femenino, que tiene que ver con viejas campañas para que la mujer fume. Hoy estamos viendo las consecuencias.
 
Si el cáncer es una epidemia, como lo asegura la OMS, ¿por qué no actuamos como si estuviéramos ante una epidemia?
Con las enfermedades infecciosas, sarampión, dengue, tenemos un ciclo corto de producción de la enfermedad, entonces nuestra acción y reacción es inmediata. El ciclo de las enfermedades que englobamos bajo el concepto cáncer lleva un proceso de años: actuamos en años para evitar que individuos fumen, que se exponga al sol, que tengan sobrepeso mórbido, que no hagan actividad física. Es ilógico pensar que tenemos una epidemia de melanoma y que hay que decirle a la población “no tomes sol hoy”. Habría que haberle dicho que no tomara sol hace 20 o 30 años.
 
¿Cuánto tiempo pasó desde que se empezó a trabajar sobre el cáncer uterino hasta que tuvimos la vacuna?
Normalmente, lo que se considera el plazo del inicio de una investigación hasta su llegada al mercado son 15 años.
 
¿Cuántas investigaciones se convierten en soluciones efectivas contra una enfermedad?
El 2%.
 
¿No es frustrante?
El método científico se basa en la prueba y el error. Y el error no es un fracaso de la ciencia sino una herramienta más de construcción, o sea un camino no válido sobre el cual tenemos que construir otro camino posible. Como decía Newton: “si yo llegué a donde llegué, si yo vi lo que vi es porque me paré sobre los hombros de gigantes, gigante anónimos”. Son los que investigaron antes.
 
¿Hay una investigación argentina? ¿Deberíamos concentrarnos en ciertos campos y olvidarnos del resto?
Hay que hacer las dos cosas al mismo tiempo y priorizar aquellas problemáticas que nos afectan como argentinos, pero tener, además, una base amplia donde formar recursos humanos. En los laboratorios nos hacemos la pregunta: ¿tendríamos que dejar de investigar esto porque en Estados Unidos o Europa lo hacen mejor? No, porque la investigación científica no es un hecho cultural, es un hecho productivo. Si nosotros idealmente deberíamos modificar nuestra matriz económica a través del valor agregado que da la ciencia con nuevos conocimientos, la investigación científica no puede ser el privilegio de los países desarrollados sino que tiene que ser la herramienta de todos, por la cual llegaremos a niveles de desarrollo más rápidos, más sustentables, pero sobre todo, más dignos.
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16/02/2013 Una ruta hacia la radioterapia

 

Cerca de 600 lucenses se tienen que desplazar cada año a A Coruña para recibir tratamiento de radioterapia. Los que pueden lo hacen por su cuenta y los que no, en ambulancia, enfrentándose así a largas jornadas fuera de su casa, con el desgaste que eso conlleva. Todos ellos unen sus voces para reclamar un servicio prometido en su día para el Hula, pero que todavía no ha llegado.
 
«Non somos un equipo de fútbol, somos seres humanos que tentan vivir o mellor que poden e acabar os seus días cun mínimo de dignidade», dice enfadada Marga Portomeñe, quien desde hace un año lucha contra un tumor de mama. Tras pasar tres veces por el quirófano y superar ocho sesiones de quimioterapia, ahora le toca lidiar con la radioterapia; en total, 30 sesiones. Cada día se desplaza hasta A Coruña en una ambulancia colectiva, junto con otras siete personas, para recibir allí su tratamiento. A las tres menos cuarto de la tarde ha de estar preparada, ya que la pueden recoger en cualquier momento. Por el contrario, la hora de regreso es una incertidumbre. «Hai que agardar a que rematemos todos e, despois, que non xurda calquera imprevisto. O outro día tivemos mala sorte: un erro informático fixo que todo se retrasara unha hora e media. A sala de espera chea: xente da Mariña e da Montaña, da provincia da Coruña... Todos agardando e unha máquina... Chegamos a Lugo ás nove, a tempo de deitar as miñas fillas, de nove e cinco anos», explica.
 
Los desplazamientos hasta A Coruña están llenos de anécdotas y contratiempos, pero ninguno como el ocurrido hace una semana, cuando Marga y sus compañeros de ambulancia se disponían a emprender el viaje de vuelta a Lugo. «Saímos moi contentos, porque era o día que máis cedo rematamos coas sesións de radio, cando nos decatamos de que pincharan as catro rodas da ambulancia», cuenta. No entendían qué estaba ocurriendo. «¿Que mal facemos nós para que fixeran esto?», protesta Marga. Hoy, aún incrédula, recuerda unos hechos que asegura que no tienen ningún sentido. «Tivéronnos plantados durante horas. Unha grúa veu a recoller a ambulancia para traela ata Lugo e cambiarlle as rodas. Pretendían que estiveramos agardando ata que, de novo, unha vez que estivera lista, volvera ata A Coruña a recollernos», dice indignada. Protestaron a la empresa, pero eran las diez de la noche cuando entraron en sus casas.
 
El viaje de vuelta se hace, de por sí, eterno. El cansancio físico y mental es evidente. Hay muchos silencios, a veces rotos por palabras de ánimo de alguno de los compañeros de viaje. «Despois de tantas horas fóra da casa estamos desexando ver aos nosos. As miñas fillas agárdanme despertas porque só estou con elas un ratiño á hora de comer», dice con tristeza.
 
Esperanzas
 
Marga reconoce que en estos momentos su vida gira en torno a las sesiones de radioterapia. «Dame rabia. Teño o Hula a tan só dez minutos da casa. Se houbera o servizo de radioterapia prometido... Teño esperanzas de que algún día o poñan en marcha», explica.
 
Por encima de todo, ella es optisma y, aunque muchas veces tiene que hacer de tripas corazón, lucha porque se lo debe a sus hijas y a toda su familia, que la necesitan. Y una y otra vez agradece el apoyo recibido durante la larga batalla contra su enfermedad. «En xeral, a todo o persoal sanitario e en particular a Sofía, unha enfermeira do Hula que está sempre disposta a todo», concluye.
 
Al igual que Marga, Marta Cruz lleva un año luchando contra esta enfermedad. Desde el primer día se mantuvo fuerte. Lo más difícil, reconoce, fue contárselo a sus hijos, a su marido y a sus padres. Una vez que se quitó esa ‘losa’ de encima, se pudo centrar en combatir el tumor de mama que padecía.
 
Marta se ha enfrentado a cinco meses de quimioterapia y acaba de terminar la radio; en total, 31 sesiones en A Coruña, en las que ha conocido a muchos enfermos en su misma situación, que se tienen que enfrentar a kilómetros y más kilómetros, a horas y más horas de espera para darse una sesión de apenas cinco minutos. En su caso reconoce que tiene suerte, porque en A Coruña viven sus padres, quienes día a día la han estado acompañando en la sala de espera del Centro Oncológico de Galicia. «En el mejor de los casos podía quedarme a dormir allí, pero mi marido y mis hijos están en Lugo y lo que estás deseando es regresar a su lado», dice, con la fatiga pintada en el rostro.
 
Un largo viaje
 
Marta se levantaba cada día a las seis y media de la mañana. A las ocho tenía que estar lista. Junto a ella viajaban otras seis personas, un grupo en el que se generó una complicidad muy especial. A primera hora todo el mundo iba en silencio: agotados, pensando únicamente en ese largo día que tenían por delante. «Al fin y al cabo no dejamos de ser gente enferma. El acudir cada día a A Coruña se llega a convertir en una rutina de trabajo», subraya.
 
Una vez allí resulta inevitable mirar el reloj una y otra vez. «Lees, charlas, te tomas un café y cuando ves que la cosa empieza a retrasarse te entra la desesperación», explica. Comienzan entonces las llamadas a casa para dar las instrucciones pertinentes: «A todo el mundo le trastoca, pero a los que tenemos hijos…».
 
A veces eran las tres de la tarde cuando Marta regresaba a su casa de nuevo, y tocaba seguir. Su fortaleza es admirable. La compra, deberes, clases extraescolares… todo para lograr una normalidad que no es real. «Por ganas te meterías en la cama, pero lo único que deseas es recuperar la vida que tenías antes», dice con ánimo. Por eso no duda ni un ápice a la hora de reclamar el servicio de radioterapia para Lugo. «Al menos que se beneficien los que vienen detrás… Tenemos un hospital tan preparado al que le faltan unos servicios tan básicos... », suspira. Hoy Marta solo piensa en volver a trabajar, pero todavía se fatiga. Es la herencia de su tratamiento.
 
Ribadeo
 
A sus 85 años, a Pura Mosqueira no le faltan fuerzas para lidiar con una enfermedad que ha llamado por segunda vez a su puerta. Hace cuatro años se operó de un cáncer de mama y hace solo unos meses tuvo que volver a pasar por el quirófano. «Falar de cáncer… son palabras maiores, pero tamén é verdade que teño xa moitos anos e que de algo teño que morrer», se lamenta.
 
Esta vecina de A Devesa, en Ribadeo, se levanta cada día a las seis de la mañana, porque hacia las siete y cuarto una ambulancia viene a recogerla. Es su segunda vez y ya sabe de qué va esto, por eso en esta ocasión decidió solicitar el servicio de ambulancia. «Hai catro anos ía en taxi, porque meu fillo traballa e non me pode levar. Gastaba 140 euros cada vez que ía», cuenta. Esta vez va en ambulancia y reconoce que ahora son muchas horas fuera de casa, y que se le hace muy largo, pero al mismo tiempo se consuela: «O que algo quere, algo lle custa».
 
Una vez en A Coruña no son más de diez minutos, el resto del tiempo lo pasa en una sala de espera, haciendo tiempo. «Falas con outra xente que está coma ti ou peor. Hainos tan novos…», murmura con tristeza. Allí está sola y echa de menos a los suyos, pero siempre encuentra alguna palabra de aliento. Otras veces es a ella a la que le toca animar a los que ese día están más bajos. Tras las sesiones toca hidratarse mucho para evitar cualquier quemazón y, una vez que todos están listos, emprenden el camino de vuelta. «Os primeiros días viña moi estropeada e encontrábame mal. Agora vou un pouco mellor, pero todavía me queda, con un pouco de sorte, unhas 15 sesións», recapitula. Cuando llega a casa son, muchas veces, las tres de la tarde. El cuerpo solo le pide descansar un rato para después acostarse pronto, a las diez como muy tarde, porque al día siguiente hay que madrugar de nuevo.
Pura se une al resto de enfermos de cáncer para reclamar el servicio de radioterapia, tan necesario para Lugo y que evitaría tantos sacrificios a gente que, al fin y al cabo está, enferma. «Hai tantos afectados…».
 
LOS GASTOS, EN CIFRAS
La Asociación Española contra el Cáncer ha elaborado un informe para analizar el impacto que los recortes en prestaciones sociosanitarias puede tener sobre un enfermo con cáncer.
 
Lo que cuesta
Tomando como referencia a pacientes con unos ingresos medios por debajo de los 18.000 euros al año, con dos hijos menores, esta familia tendría que aumentar el gasto durante el proceso de de la enfermedad en 15 puntos, en los ocho meses que dura el tratamiento, si el transporte no está cubierto. Esto supone una cuota mensual para salud de un 18%.
 
Transporte
El 76% de este gasto es debido al transporte para acudir a tratamiento -zona rural-. Si no se cubriera el transporte sanitario no urgente, esta partida de gasto podría multiplicarse por tres.
 
Supervivientes
Las personas que superen la enfermedad tendrán que aumentar, de forma permanente, el gasto en salud derivado del cáncer en un 8% cada año, lo que supondría destinar un total del presupuesto familiar del 11% a salud.

 

 

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15/02/2013 El papel del oncólogo La oncología de hoy y de ayer

Médicos residentes contemplan una radiografía. | Efe

Cuando un médico dice que quiere especializarse en Oncología clínica, el resto le levanta una ceja. Un sorprendido "¿en serio?" se puede leer en sus ojos. A mí me pasó. No digo que no lo entienda. No suena tan espectacular como ser cirujano cardiovascular. Ni es una especialidad que aparezca en Anatomía de Grey. Y seamos sinceros, Wilson no es precisamente el héroe de la serie House. Incluso muchas universidades aparcan la enfermedad que es causa principal de muerte en la mayor parte del mundo como una asignatura optativa que pasa sin pena ni gloria durante los cuatro años de estudio. A veces, todavía se percibe al oncólogo como el médico que aplica curas paliativas y ve morir gente día sí y día también sin poder hacer demasiado, impotente.

 

Nada más lejos de la realidad
Hace pocos días se celebró el examen MIR que cerraba un año de penas y esfuerzos para los nuevos médicos de este año; más aún si tenemos en cuenta las difíciles perspectivas laborales. Y dos días más tarde llegó el día mundial del cáncer. La unión de estos dos eventos me lleva aquí a intentar reivindicar la figura del oncólogo para los residentes. Porque hacemos medicina clínica, sí, esta es nuestra misión. Porque también somos investigadores, sí. Sin ninguna duda, la Oncología es de las especialidades en que más investigación clínica y traslacional se hace, empezando durante la residencia. Porque salvamos vidas, sí, cada día más.
 
La Oncología es una especialidad rápidamente evolutiva. No estamos retrocediendo demasiado si hablamos de unos diez tratamientos de quimioterapia para todos los tipos de tumores, de cirugías mucho más agresivas, de tratamientos de radioterapia menos selectivos y, lo peor de todo, de una tasa de mortalidad del 70%. Hoy en día, más del 60% de los enfermos diagnosticados de cáncer se curan y este porcentaje no para de aumentar. El conocimiento molecular de la enfermedad y de las características diferenciales entre los diferentes tipos de tumores ha propiciado el que se hayan desarrollado tratamientos médicos altamente selectivos con más de un centenar de fármacos en la actualidad aprobados o en fase de aprobación. La incidencia de la enfermedad, por muchos motivos, aumenta gradualmente, sin embargo la mortalidad disminuye progresivamente. Sin ninguna duda, esta es una enfermedad altamente incidente, que vamos a diagnosticar cada día pero que también vamos a curar mucho más.
 
Es por ello que cada día son más las instituciones, fundaciones o personas individuales que apuestan por favorecer la investigación oncológica. Los medios de comunicación hacen eco continuo de ello porque ninguna enfermedad afecta a tanta gente a estos niveles. Toda la sociedad en general está pendiente de los nuevos avances pues pueden significar un cambio clave para las personas afectadas de su alrededor: familiares, seres queridos, amigos,… La recaudación de la última maratón contra el cáncer de TV3, que alcanzó cifras récord a nivel mundial (más de 10 millones de euros), no deja de ser un indicio del alcance del compromiso de nuestra sociedad con los enfermos de cáncer y con el avance del conocimiento y de la lucha de esta enfermedad.
 
Y es que ya no se entiende el oncólogo clínico sin la investigación. Los grandes avances se están midiendo por meses. Estamos trabajando en el genoma de cada tumor individual para diseñar tratamientos completamente personalizados para cada paciente. Pequeños avances de oncólogos, casi ridículos si los miramos por separado, pero conjuntamente un gran potencial de conocimiento que nos ha permitido encontrar tratamientos y medicamentos más eficaces, más implacables, menos tóxicos e invasivos. Ya podemos hablar del cáncer por su nombre porque, por primera vez, conocemos al enemigo y éste es el primer paso para la curación. Pero aún falta mucho camino por recorrer, un desafío intelectual cada día más complejo que crece y crece con cada nuevo tumor descubierto o cada fármaco testado. A veces creemos que cuanto más aprendemos sobre el cáncer más cerca estamos de conocerlo en su totalidad. Sin embargo, estamos abriendo más vías de conocimiento y más campos de investigación que darán que pensar a los oncólogos durante mucho años.
 
El nuevo residente de Oncología médica debe entender desde el primer año la importancia de compaginar la asistencia clínica con la investigación. Es lo que esperamos de ellos. Biología molecular. Farmacología. Diagnóstico. Estudios clínicos con pacientes. Y todo ello de la mano de oncólogos médicos, radioterapeutas, cirujanos, anatomopatólogos, farmacéuticos y otros profesionales clave tanto para el diagnóstico como para el tratamiento de la enfermedad.
 
¿Es una residencia fácil? Al contrario. La residencia de oncología requiere rigor, esfuerzo y talento, precisamente porque depende de nosotros que el cáncer deje de hacer estragos y llegue el momento en que se convierta en una enfermedad curable o en el peor de los casos cronificada. Ya hemos recorrido una parte importante del camino. El resto dependerá de los nuevos doctores, aquéllos que este mes escogerán a qué quieren dedicar su carrera profesional. Yo sólo puedo asegurar una cosa: es duro, pero es lo más gratificante que he hecho nunca.

 

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15/02/2013 Hay tres tipos de cáncer que afectan más a los niños

Día Internacional del Cáncer Infantil. Infografía: La Razón

En Bolivia son tres los tipos de cáncer que más afectan a los niños: leucemia, tumores y retinoblastoma, aunque no se tiene el número total de casos, informó la responsable del programa nacional, Sdenka Mauri.

 La especialista indicó que del total de casos reportados, la leucemia, enfermedad que ataca a las células de la sangre, es la que más afecta a los niños; luego se registran los tumores cerebrales; y después, la retinoblastoma, que es el cáncer en el ojo. Cochabamba reporta más casos.Mauri indicó que los otros tipos de cáncer menos frecuentes, pero que tienen presencia en el país, son los hepatoblastomas en el hígado (crecimiento anormal de tejidos en el hígado) y los rabdomiosarcomas en los músculos (que es un tumor que se adhiere al hueso).

 
Hoy se recuerda el Día Internacional de la Lucha Contra el Cáncer Infantil y según datos extraoficiales Bolivia tiene 950 casos registrados de cáncer infantil desde 2004 hasta 2011.
 
El Ministerio de Salud brinda tratamiento gratuito a 130 niños que están en los principales hospitales del eje central.
 
Para tener datos actualizados y definir políticas de salud, en marzo se realizará un censo para saber la cantidad de personas adultas y menores que padecen cáncer, informó ayer la responsable del Programa de Enfermedades No Trasmisibles, Sandra Villalpando.
 
Sensibilizar a la sociedad
Desde hace más de diez años, cada 15 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lucha Contra el Cáncer Infantil junto a organizaciones de padres de todo el mundo como un medio de sensibilizar a la sociedad sobre la problemática de este colectivo.
Otro de los objetivos es dar a conocer la necesidad de que todos los niños del mundo puedan acceder al diagnóstico y tratamiento adecuado.
 
Cuando el cáncer infantil se diagnostica a tiempo y se trata con los protocolos adecuados, la probabilidad de éxito es del 80%. Un diagnóstico tardío y la falta de tratamiento adecuado y continuado reducen las posibilidades de recuperación, como le sucede a los niños en Latinoamérica, según datos de las organizaciones internacionales que trabajan con el cáncer.

 

 

 

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15/02/2013 Cáncer en niños no se previene, pero se puede detectar a tiempo

Diego se tambalea un poco al caminar. Su madre, Yomaira, le da la mano de inmediato. Él, de 2 años y 7 meses, y ella, de 25, se miran e intercambian sonrisas, mientras la mujer acaricia la pequeña cabeza calva de su hijo, que tiene una cicatriz de 5 centímetros arriba de la nuca.

Al menor le diagnosticaron un tumor cerebral en septiembre del año pasado. Luego de varios exámenes, en menos de una semana, lo intervinieron y extirparon la mitad del tumor.

“Más que la enfermedad, la operación se me hizo más difícil, no sabía cómo iba a salir. Los médicos no me explicaron lo que le iban a hacer”, dice Yomaira, quien sostiene que su hijo no caminaba bien, no escuchaba ni hablaba y presentaba vómito.

Con terapia de lenguaje y física, Diego ya dice algunas palabras, escucha y es más estable al caminar. Actualmente recibe sesiones de quimioterapia, con lo que se espera reducir el tamaño de la otra parte del tumor, para que pueda ser intervenido por segunda ocasión.

“Espero que sea un niño normal, de a poco, no me desespero, es la voluntad de Dios que mi hijo se esté sanando”, expresa.

Misael, de 9 años, es otro “guerrero que batalla por su vida cada día”, sostiene su madre, Carmen. Al menor le detectaron cáncer en el estómago cuando tenía 7.

“Mi hijo era gordito y rápidamente bajó de peso, pero seguía barrigón. Lo llevé al hospital Guayaquil y me dijeron que tenía el hígado hinchado. Le mandaron unas medicinas, pero no le hicieron nada, él seguía con problemas para respirar y siempre estaba cansado. Así que le hice una ecografía particular y me dijeron que era un tumor del tamaño de una toronja”, recuerda la mujer.

Luego de dos meses de quimioterapia, al menor le extirparon el tumor y el riñón derecho. Durante un año y cinco meses recibió sesiones de quimioterapia. “Él me preguntaba qué tenía y yo no le podía decir; antes de ser operado, el médico le explicó y lo tomó con calma. Solo me preguntó: ¿Y si me muero? Yo contesté que eso no va a pasar y lo abracé”, cuenta.

Actualmente está en controles mensuales, debido a que podría recaer porque el tumor era maligno. Este año cursará el quinto año de básica.

La batalla que enfrentan a diario estos niños se recuerda hoy, en el Día Internacional del Niño con Cáncer.

En esta fecha es importante recalcar que el cáncer en niños no se puede prevenir, pero sí diagnosticar tempranamente, sostiene Luis Espín, oncólogo pediatra de Solca, y agrega que la leucemia es el mal que predomina en el país y a nivel mundial. El año pasado se registraron 189 nuevos casos de cáncer: 94 por leucemia, 25 cerebrales, 22 linfomas y 49 de otros tipos. En el 2011 se atendieron 194.

Del total de nuevos casos, el 30% llega en etapa terminal, dice el especialista, quien sostiene que las células cancerígenas de los niños son más agresivas que las de los adultos, pero los menores son el 75% más sensibles al tratamiento.

Espín recomienda que en los centros primarios se debe capacitar a los médicos para que consideren al cáncer como uno de los tres posibles diagnósticos para descartar o detectar el mal tempranamente.

En tanto que en el hospital de niños Francisco de Ycaza Bustamante por conmemorarse este día se realiza una caminata en los alrededores del centro y una casa abierta sobre este mal en el área de consulta externa.

En esta casa de salud se inició la atención en oncología en el 2009. En noviembre del 2010 se aperturó un área de hospitalización ambulatoria para los menores que necesitan sesiones de quimioterapia.

En los cuatro años se ha atendido a 7.513 pacientes en oncología. De esa cifra, a 284 se les detectó cáncer en el cerebro, riñón, hígado, ganglios, huesos, entre otros.

En el 2011 se presentaron 25 casos nuevos y en el 2015, 45. Este aumento se debe a la detección precoz, según Doris Calle, oncóloga pediatra del hospital, quien sostiene que las leucemias son las más frecuentes, pero no se tratan en este centro público. Se han detectado 100 casos en los cuatro años y han sido derivados a Solca.

Actualmente, 27 pacientes terminaron su tratamiento y están en controles, mientras que 65 niños reciben sesiones de quimioterapia.

Uno de ellos es Carlos, de quince meses de edad. Mientras él dormía y recibía el tratamiento, su madre Danny, de 37 años, le acariciaba el brazo derecho. “A los seis meses le sentí una masa en forma alargada en el estómago, pero en el dispensario me dijeron que el bebe tenía hígado graso, e incluso le hicieron ecografías y me decían lo mismo. Recién en noviembre le detectaron aquí la enfermedad”, comenta la oriunda de Posorja, quien sostiene que con la quimioterapia, el tumor en el hígado ha disminuido de tamaño en un 50%.

Se espera que hasta fines de febrero baje más para que lo puedan operar, señala Calle.

La especialista agrega que para detectar a tiempo el cáncer, los padres deben llevar al niño a las consultas pediátricas mensuales hasta el primer año y de ahí dos veces por año. La fiebre prolongada, dolor de huesos, anemia, son algunos de los síntomas de alarma de este mal.

En el Hospital del Niño no hay patólogo desde el 2011, por lo que las biopsias se envían a otros centros para su estudio.

En esta casa de salud se proyecta crear un servicio de Onco-Hemato para los menores inmunodeprimidos que se descompensen y necesiten ser hospitalizados. Será una infraestructura de 600 m² que se construirá en la terraza del segundo piso. Se está trabajando en el diseño y se prevé que la obra se inicie a fines de este año, anuncia Xavier Chacón, gerente del hospital.

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15/02/2013 Cerca del 48% de los casos de cáncer infantil son diagnósticados con un mes de retraso

 

Cerca del 48 por ciento de los casos de cáncer infantil son diagnósticados un mes más tarde que parecieran los primeros síntomas, según un estudio realizado por la Asociación de Padres de Niños con Cáncer (ASION), quien entrevistó a 120 familias de pacientes con cáncer infantil, y que ha sido presentado con motivo de una jornada por el Día Internacional del niño con cáncer 2013, en la que se ha reclamado un diagnóstico temprano para mejorar las tasas de curación.
 
En concreto, al 52,5 por ciento de los encuestados, el diagnóstico se realizó en un tiempo inferior a tres semanas, y el 17 por ciento de casos, diagnóstico tardó más de nueve semanas.
 
Los resultados del cuestionario, que se remitió a las asociaciones de padres miembros de la Federación Española de Padres con Niños con Cáncer (FEPNC), revelan además que el 40 por ciento de los tumores infantiles detectados corresponden a leucemias y el 11 por ciento a linfoma. El resto se distribuyen en tumores renales, retinoblastoma u otros.
 
Por su parte, la presidenta de la FEPNC, durante un acto en el Ministerio de Sanidad, ha informado de que, cada año, se diagnostican unos 1.300 nuevos casos de cáncer infantil en España, "siendo la primera causa de muerte por enfermedad entre 1 y 14 años".
 
En sus palabras, "el diagnóstico temprano marca la diferencia a la hora de conseguir mejores resultados en el tratamiento" y, por ello, "la Atención Primaria tiene que estar coordinada con la secundaria". Con todo, ha apostado por "concienciar" y "sensibilizar" a la sociedad sobre esta materia. Durante el encuentro, se ha leído un manifiesto en el que se ha recordado que "la detección temprana, abre una línea inequívoca entre la vida y la muerte de algunos niños y adolescentes". También, se ha incidido en la importancia de que el diagnostico de la enfermedad se realice lo antes posible "porque el tiempo importa".
 
"Necesitamos que el diagnóstico y tratamiento del cáncer infantil se realice en un hospital público con Unidad de Oncología Pediátrica, que cuente con los medios técnicos y humanos necesarios y con la suficiente experiencia en el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad que afortunadamente no es tan común", recoge el texto.
 
En relación a los Hospitales de Referencia, han pedido que la Administración determine cuáles son para que "los pacientes, niños y adolescentes sean derivados a ellos" y "sea cuál sea su lugar de procedencia tengan las mismas de ser atendidos y curarse". Un total de 8 de cada 10 niños con cáncer pueden curarse si son tratados en Unidades de Referencia especializadas en cáncer infantil.
 
Por su parte, el Secretario de Estado de Seguridad Social, Tomás Burgos, ha subrayado que el "esfuerzo conjunto" de todas las Administraciones es una "condición exigible". Y, en este sentido, ha recordado las ayudas que proporciona la Seguridad Social a los padres de niños con cáncer.
 
La medida, que se puso en marcha hace dos años, trata de "compensar la pérdida de ingresos por reducción de la jornada laboral", ha dicho. Para ella, se han destinado unos 15 millones de euros de la Seguridad Social, de los que se han beneficiado 687 familias en 2011, y 1.177, en 2012. Asimismo, la duración de las ayudas se eleva a más de 178 días --unos seis meses--.
 
"Esta ayuda poco a poco va cogiendo forma, al ser más conocida", ha dicho Burgos, para quien la medida "se está convirtiendo en un elemento de apoyo para las familias".
 
Por su parte, el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández-Lasquetty, ha reconocido que "el cáncer infantil es una realidad que vive no solo el paciente sino su entorno".
 
Tras ello, ha destacado que la tasa de supervivencia a los cinco años es del 70 por ciento, un porcentaje que se eleva al 100 por ciento en el caso de los tumores óseos y renales.
 
Fernández-Lasquetty ha recordado también que, en la Comunidad de Madrid, hay cuatro Unidades de Oncología Infantil en los Hospitales de La Paz, 12 de Octubre, Gregorio Marañón y Niño Jesús.
 
A este respeto, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, ha explicado que en la ciudad, existe una "sanidad excepcional" por la que, a su juicio, se han conseguido los mencionados "resultados de curación en niños con cáncer". "Madrid es una ciudad en la que, ante el sufrimiento ajeno, el movimiento voluntario tiene empatía y se pone en marcha", ha apostillado.
 
Por su parte, el doctor Tomas Acha García, de la Unidad de Oncología Infantil del Hospital Materno-Infantil Carlos Haya (Málaga) ha explicado que las diferencias entre los tumores infantiles y adultos radican en que, en el caso de los menores, puede vivir 70 años más, mientras que, en los segundos, unos 30 más.
 
Además, ha reconocido que el diagnóstico de los tumores infantiles es "bastante difícil", pues los síntomas son "variables" (cefaleas, vómitos, fiebre...), y ha resaltado la paradoja de que "los tumores más agresivos puedan tener un diagnóstico más rápido".
 
Por último, este experto ha lamentado que el Gobierno "esté más interesado en diagnosticar y tratar los tumores de los adultos", a consecuencia de su mayor incidencia.

 

 

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15/02/2013 Cáncer prostático de origen neuronal, inmune a terapias hormonales

En México, el cáncer de próstata ocupa el segundo lugar de muertes por cáncer entre los hombres. Los tratamientos que existen hasta ahora y que se usan desde hace tiempo son hormonales, pero hay un sector de la población afectada que no responde a estas sustancias y una de las hipótesis es que pueden presentar un cáncer prostático de origen neuronal.

María Elena Hernández Aguilar, del Centro de Investigaciones Cerebrales de la Universidad Veracruzana, dice que a partir de investigaciones recientes en neuroncología -disciplina que estudia el cáncer producido por alteraciones del sistema nervioso en cualquier parte del cuerpo- se aborda el cáncer de próstata desde un enfoque neuronal ante la ineficacia de los medicamentos que impactan el sistema endócrino, sin efecto alguno en el neuronal.

"La hipótesis que propongo y en la que estamos empezando a trabajar es que las patologías en la próstata son iniciadas por una degeneración en el sistema nervioso periférico (que relaciona al sistema nervioso central con órganos y miembros) y son mantenidas posteriormente por el sistema hormonal".

Explicó que el cáncer de próstata es una patología que se presenta en edades avanzadas, justo cuando empieza a haber una degeneración del sistema nervioso y que tiene que ver con la vejez.

El cáncer de próstata es un padecimiento que afecta más a hombres mayores de 65 años y es poco común entre los menores de 45 años. A nivel mundial es también el segundo más frecuente con 680 mil nuevos casos al año, aproximadamente.

La integrante de la Academia Mexicana de Ciencias explicó que el sistema hormonal se mantiene más o menos constante pese a las variaciones de la edad: conforme el hombre envejece los niveles de testosterona (principal hormona masculina) van decayendo, pero los de prolactina (una hormona sexual peptídica) van aumentando (hiperprolactinemia), por lo que considera que ésta es la que tiene una influencia más fuerte en el cáncer de próstata que la testosterona.

"Los resultados nos han llevado a apoyar una hipótesis en ese sentido. Pero resulta que la próstata también tiene una inervación, la cual está dada por dos nervios situados a nivel de la cadera: pélvico e hipogástrico, un dato que en el momento en que se llevaba la investigación no habíamos considerado", explicó la neuroendocrinóloga.

Hernández Aguilar sostuvo que la idea es empezar a estudiar la relación que hay entre el sistema nervioso periférico y el control de la glándula prostática, pues es necesario establecer, primero, la fisiología de la próstata, compleja por cierto, para conocer después el origen de sus patologías.

La especialista comentó que esta investigación se lleva a cabo de manera inédita en México, aunque en otros países ya se trabaja con el ganglio pélvico, pero sin involucrarse en la relación que tiene con el sistema hormonal.

"La importancia de esta investigación es ver cuál es el efecto que tiene el sistema nervioso sobre la próstata, vincularlo con el sistema hormonal y saber cómo se mantienen estas patologías. Se sabe que la prolactina induce patologías, creemos que esta hormona es la que puede mediar el que las células epiteliales adquieran la capacidad de migrar y hacer metástasis. Lo que no sabemos es si pueden estar ayudadas por esta degeneración del sistema nervioso y es lo que estamos evaluando".

Hernández Aguilar explicó que la próstata produce el semen prostático y lo hace de manera constante, pero durante la expresión de la conducta sexual hay mayor producción.

"Lo que sabemos es que la actividad sexual promueve cambios en la estructura de la próstata, ¿qué quiere decir esto?, que durante la misma se modifican los niveles de algunas hormonas, hay un aumento de la prolactina y de testosterona, y una caída de estradiol, también hay un incremento de receptores androgénicos (sitios en la superficie de las células afines a la testosterona), es decir, un conjunto de cambios endocrinológicos que aumentan el peso de la próstata, el cual ya no cambia, ahí se mantiene, pero si se le introduce prolactina a un modelo animal (en ratas) que no ha tenido actividad sexual, esta sustancia produce aumento del peso de la próstata, lo cual no se observa cuando se tienen animales sexualmente expertos".

De ahí que la investigadora subraya el interés de trabajar en animales sexualmente expertos en los que hay un cambio en la estructura y en la función de la próstata que fue inducido por la propia experiencia sexual; lo que no resulta igual al trabajar con una próstata que no fue sometida a ese cambio.

María Elena Hernández, quien empezó con esta investigación en 2004, habiendo conseguido hasta el momento resultados significativos, sostuvo que por ahora no trata de buscar como primer paso curar el cáncer prostático, sino saber por qué y en qué momento va cambiando la funcionalidad de la próstata hasta derivar en una patología.

María Elena Hernández Aguilar aseguró por otro lado, que en el organismo no ocurre nada si no está controlado por el cerebro y, lo que se refiere al sistema de inervación (sistema nervioso periférico) aún falta por ser investigado en su totalidad, pues su estudio no resulta fácil.

Mencionó que su proyecto se desarrolla en diferentes líneas tratando de encontrar respuestas a preguntas tanto a nivel hormonal como neuronal y confía en que a mediados de este año pueda publicar los primeros datos del trabajo que realiza junto con su equipo que espera sean aceptados para seguir avanzando en sus estudios.

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